por Francisca Vargas Real

Durante años -1991-1995- dejé constancia de lo sucedido como miembro de la Junta. En primer lugar como Vocal de la Zona Norte, escribía informes previos a las reuniones, quedando ampliamente plasmado lo que hacía. Algo que podía servir para agilizar las reuniones, aunque sucedió que, al estar escrito, casi no había tiempo para hablarlo. Después, como Secretaria, establecí las grabaciones de las reuniones para hacer las actas, donde se recogiera extensamente lo que allí acontecía; actas, que por su extensión podían ser difíciles de entender, pero también, a veces, ésto sucedía en las reuniones.

Son, por tanto, los libros de actas de por sí libros de historia. Claro está que no se recoge todo en ellos, se pierde la viveza de la relación, (la espontaneidad, el movimiento, el gesto, la emoción, el tono al hablar) factores que son difíciles de expresar al transcribir, siendo posteriormente la emoción del receptor al encontrarse con las letras la que interpreta.

Entiendo que a lo que Hanne me invita es a que recuerde y recapitule lo vivido en estos años compartidos con la SEPTG.

Trataré de hacer mi propia historia, había empezado a formarme con miembros de la SEPTG, sin saber que lo eran, (Andrés Esteban, Carmen Moya y Conrado Engelhardt). Era el curso 1984-85. En 1989, informada por una amiga, asistí a mi primer Symposium, en Babia. Allí conocí a muchas personas; la primera fue Pablo Falcón, simpático, abierto y acogedor.

En los años siguientes solicité el ingreso, y colaboré con Victor Ortega en la organización del XIX Symposium. Fui elegida Vocal de la Zona Norte en 1991. No había nada estructurado sobre qué o cómo hacer. Me preocupé por escribir y convocar reuniones en Pamplona, Bilbao, Vitoria y Santander respectivamente, en las que participaron 13, 7, 2 y 3 personas. Hablábamos sobre lo que podía preocupar a los socios o, a la Sociedad; sobre todo la FEAP y la formación. Hicimos proyectos que no cuajaron.

Al cumplir mi tiempo como Vocal fui propuesta y elegida como Secretaria. Ya mencioné las innovaciones en este cargo. Mi primer año como Secretaria coincidió con el encargo de coordinar el XXI Symposium, candidatura que presenté en Valencia y que con poca diferencia de votos salió elegida. Aquel año, puedo definirlo como éxito científico y logístico, con pérdidas y ganancias afectivas; son recuerdos con sentimientos encontrados, y tal vez sea eso lo que sucede en los grupos, ¿inevitablemente?, una parte de agrado, riqueza y otra de desagrado, frustración.

Otros años estuve como miembro de la Comisión de Formación, donde pude observar la dificultad para ponerse de acuerdo en algo tan importante como es la formación, formación que, por otro lado, cada uno puede impartir desde su Centro o Asociación.

En estos años -7 Symposiums y 7 como socia- he visto más de una vez repetirse los encuentros y desencuentros entre los miembros de esta SEPTG. Lo que sucede dentro de la SEPTG me parece de una riqueza impresionante. Mirarlo con actitud analítica y aprender de nuestras actitudes tanto positivas como negativas, nos ayuda a ser mejores personas y profesionales.

Al principio idealicé la Sociedad, y con ella a los profesionales que la integran. Posteriormente descubrí la realidad. A veces decimos que es como una familia; y como en la familia existen afectos negativos y positivos. Como decía Miguel, el antropólogo: ...a la familia se vuelve en momentos de crisis... ¿no se puede salir de ella también en momentos de crisis?

Parece que en la SEPTG hay un ciclo: llegada, acogida, trabajo, cansancio, retirada y ¡a descansar! Un ciclo en el cual participamos todos, al pasar dejamos y cogemos formas diferentes de hacer y de expresar, cada uno dejamos lo que tenemos, y podemos coger las diferentes formas de hacer para contrastar y mejorar las que ya tenemos. Es una Sociedad abierta, pluridisciplinar, "multimuchascosas", donde se deja hacer, compartiendo algo tan difícil como es la diferencia. No hay sólo una forma de hacer, existen tantas como hay personas, resultando en consecuencia que se impregne cada cargo de la persona que por él pasa. Hace unos años se ha establecido -sin que mediaran palabras- que los cargos a renovar sean propuestos por las personas que los dejan. Tal vez esto contribuya a que la forma cambie menos. Anteriormente todos podían proponer -si lo deseaban- mediante unas hojas impresas. Incluso uno mismo se podía proponer. Esto dejó de ser aceptado, sucediendo la persona propuesta en la Asamblea, bien porque no estaban presentes los otros, o bien porque no se aceptaba la propuesta directa o previa...

He observado que nos cuesta respetar los estatutos, bien por desconocimiento o bien porque establecemos nuevas formas de hacer, dando por supuesto que es una evolución natural, sin recogerlo en un anexo ni convocar una Asamblea extraordinaria para modificarlos. ¿Queremos llenar ese vacío con un reglamento de régimen interno? Me parece que quienes hicieron los estatutos sabían bien lo que hacían y me gustaría que intentáramos hacer una asamblea de acuerdo a lo que en ellos se dice, presentando una memoria de lo realizado, proyectos y presupuestos para el año siguiente...

He compartido años de trabajo en la Junta con los siguientes presidentes y demás miembros que les acompañaron, a veces ellos mismos con otros cargos: Francisco Del Amo, Enrique Alonso, el primer período de Hanne Campos, y casi siempre la presencia de nuestro presidente de honor Joan Palet.

He sido impregnada de todo el grupo. Tuve la oportunidad de poner a prueba mi capacidad de trabajo, de organización, etc... algo de lo que os estoy muy agradecida.