por Ignacio Rodríguez de Rivera

Cuando me invitaron a participar en esta mesa redonda sobre los XXV años de la SEPTG, primero pensé que yo no era la persona adecuada, por los motivos que pronto explicaré; pero poco después consideré que, aunque sea muy brevemente, mi particular itinerario podría aportar una perspectiva algo diferente y, tal vez, útil en algún grado.

Estuve presente y participé en la reunión fundacional de la SEPTG que tuvo lugar en Zaragoza en 1972. Por entonces yo pertenecía a un centro de psicoanalistas que trabajábamos individual y grupalmente y que había sido fundado por Alejandro Gállego. La mayoría de los fundadores de aquél `Instituto Psicoanalítico de Madrid' procedíamos de `Peña Retama', que contaba con una Comunidad Terapéutica pionera en España.

Las cabezas visibles o promotores de aquél primer encuentro de Zaragoza fueron Alejandro Gállego, Pablo Población y Martí Tusquets. Se trataba de crear una Sociedad Nacional para reunir y establecer relaciones entre los profesionales que por aquel entonces nos ocupábamos del trabajo grupal, desde diversos encuadres teóricos y técnicos. Pretendimos que fuera una Sociedad lo más amplia y abierta posible, de modo que ni siquiera se limitase a la aplicación terapéutica del grupo, sino que abarcara otras actividades grupales. De modo que, tras una breve discusión acordamos el título de Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas de Grupo, nombre que, posteriormente se ha prestado a confusión, pues podría entenderse que la Sociedad se dedica a la psicoterapia en general y a las técnicas de grupo, cuando lo que se quiere decir es que se dedica a las técnicas de grupo en general y a la psicoterapia de grupo en particular.

Al año siguiente celebramos un primer Symposium en Madrid y, desde entonces nuestros encuentros se han repetido anualmente, salvo alguna excepción.

Dije al principio que tal vez yo no fuera una persona adecuada para esta mesa redonda, porque tras los primeros symposia me desvinculé de la SEPTG durante bastantes años, y no me reincorporé hasta 1993, en el Symposium de Valencia. De modo que no no he estado presente durante un largo período de su historia.

Sin embargo esta circunstancia me ha aportado un perspectiva que es la que deseo compartir ahora con Vds.

La Sociedad que dejé poco después de su fundación era eso: una Sociedad formalmente establecida como tantas otras de nuestro ámbito profesional. Un lugar de encuentro e intercambio de conocimientos y experiencias, según suele decirse explícitamente en los estatutos. Una Sociedad en la que -y esto no se dice en los estatutos- se busca prestigio, engrosar el curriculum personal, pequeñas cuotas de poder o influencia en el mundo profesional, establecer relaciones de interés entre los miembros, competencia o rivalidad entre los respectivos enfoques, etc. Es decir, lo que solemos encontrar en este tipo de asociaciones.

La función de aprendizaje que pretenden cumplir este tipo de Sociedades también está presente, sobre todo en las actividades de tipo experiencial, como son los talleres; el aprendizaje teórico o la información cuenta mucho menos, pues generalmente las aportaciones originales suelen realizarse por otras vías, sobre todo la publicación escrita, en libros o revistas.

Tal vez la función más buscada sea la de establecer contactos personales, predominantemente en las charlas informales de pasillo, comida, etc.

Creo no ser injusto al trazar este perfil general, no me parece criticable, pero sí mejorable.

Pues bien, cuando abandoné la SEPTG sentí que abandonaba algo como lo que he descrito. Y cuando me reincorporé creí que volvía a lo mismo, porque en ese momento me interesaba retomar contactos, buscar prestigio, obtener algún beneficio personal e, incluso, aprender alguna cosa que no pudiera encontrar en los libros.

Sabemos que uno de los factores predominantes para insertarse en un grupo humano es la ansiedad de la soledad, la busca del "nosotros" contra la soledad del "yo". Este factor también influye en la decisión de adscribirse a una Sociedad que se reúne periódicamente en Congresos como éste, pero influye muy levemente, pues las relaciones son tenues y muy condicionadas por las trabas academicistas o meramente institucionales.

Al reincorporarme a la SEPTG en Valencia me llevé una sorpresa, primero muy desconcertante y, después, muy grata: allí había una institución, quién lo duda, con sus tensiones, rivalidades, etc. que son características; pero había mucho más un grupo, un grupo con su historia evolutiva peculiar, con una dinámica grupal autorreflexiva y, por lo tanto, con toda su potencialidad de maduración personal, no sólo de aprendizaje teórico y técnico.

Siento haberme perdido el estar presente en ese largo proceso, que ya dura 25 años, por el cual una institución formal ha devenido ser un grupo. Un grupo que intentaré perfilar en sus notas características para comprender su génesis y, así, poder aprovechar esta experiencia en proyectos ulteriores.

Se trata de un grupo institucional, no espontáneo, puesto que es la institución quien marca sus condiciones con anterioridad a la constitución del grupo. En segundo lugar se trata de un grupo de trabajo, puesto que su finalidad no es meramente el estar juntos emocional, sino que se propone unos objetivos predeterminados, el "enseñaje" (enseñanza-apredizaje imbricados íntimamente sin más jerarquización que la funcional). En tercer lugar se trata de un grupo abierto, en el que los miembros entran y salen a lo largo del tiempo. Y, por último, se trata de un grupo de laboratorio, pues se forma en el marco y con el objetivo de una experiencia, no es independiente del proyecto científico.

En cuanto al liderazgo, corresponde en cada ocasión de un Symposium a la persona o equipo que coordina el encuentro, sobre todo a quien coordina las ponencias. Pues aunque los talleres particulares que se realizan cada año sean liderados por quien presenta el taller, la coordinación del Symposium es la que engrana, con mayor o menor nivel de integración, los proyectos particulares en un proyecto conjunto.

Esta función integradora se ha cohesionado con desigual fortuna mediante el grupo grande que pone en común las experiencias de los subgrupos de cada Symposium. Pero entre uno y otro Symposium, la Junta Directiva cumple el papel del liderazgo, recogiendo el resultado de la Asamblea, que se celebra coincidiendo con el Symposium, y gestando grupalmente nuevos proyectos o dando cauce a los ya iniciados.

De modo que, finalmente, la SEPTG se ha convertido, de una mera reunión de profesionales grupales, en un grupo de profesionales grupales que, como tal grupo trabaja, aprende y elabora el trabajo sobre los grupos.

No sé definir cuál ha sido el motivo por el que la evolución ha sido ésta; pero quería apuntar alguna reflexión antes de terminar.

Lo que me parece más destacado es el hecho de que la SEPTG está formada por profesionales muy heterogéneos en cuanto a sus referentes teóricos y técnicos, psicodrama, psiconálisis, bioenergética, gestalt, sistémica, etc. Esta heterogeneidad puede desembocar en incoherencia y dispersión o, por el contrario, en la gestación de una dinámica común, con todos sus vectores de tensión, confluencia, etc. La competencia y la hostilidad se ven muy favorecidos por la proximidad, por la igualación; entre los diferentes se ve favorecida la complementariedad.

Entre los diferentes es mucho más difícil la jerarquización. Bástenos contemplar lo que ocurre en cualquier Escuela de nuestro campo "psi-profesional". Y tal vez sea más fácil la cooperación. Las respectivas posturas se ven relativizadas a la luz del encuentro con otras posturas, a no ser que predomine la defensa integrista xenófoba.

Tal vez la SEPTG ha gestado un grupo porque la pertenencia a una sociedad de sus características sea opuesta al narcisismo. Vale la pena reflexionar sobre ello para evitar que nuestras respectivas teorías se conviertan en una coraza defensiva y lleguen a ser estériles.

Ojalá.